domingo, 8 de abril de 2018

Más allá de sus ojos...


Más allá de sus ojos
oh! dulce abismo
lagos de sueño
agonía de Ophelia ,
besa el inquieto sapo
el hilo de su aliento
en el pecho dormido
de la gran bestia..
despierta tembloroso
el latido olvidado.


©Encarni Mejides

Dar la vuelta...




Dar la vuelta...



Volver la página del libro..
que no esta escrito mi destino
en el margen del susodicho,
sé que el invierno hizo suyo
el verbo olvido y adjetivos..
y sé que he de romper sus letras
su frío apellido de viento
en la boca de la tormenta.


Dar la vuelta a la absurda idea
de eternizarlo en un poema..
en esos puntos suspensivos
que lo nombraban sin hacerlo,
se hizo hábito guardar silencio
aunque desgarrase por dentro
y temblara este necio pecho
en la certidumbre de un sueño.


Espérame que ya regreso..
que vuelvo a ti, oh! tierra del verso
con las manos de primavera..
y los sentidos al desnudo,
que vuelvo como de otro mundo
desde sus sombras, desde el vértigo..
de los que se sienten perdidos,
y hallan la luz tras las tinieblas.



Ya vuelvo que oigo voces cerca
sus dulces cantos de sirenas..
de esas sus almas de poetas,
tú, edén de los ojos de luna 
que en ellos la palabra acuna,
abre de par en par la puerta..
a está vástaga del exilio,
¡Qué anhelo quedarme a tu abrigo!


©Encarni Mejides

martes, 27 de marzo de 2018

No soñar..

No soñar..



Esquivar sus tinieblas..
a su abismo de tiempo
y que me halle despierta
contando las arañas
de ese cielo infinito
blanco calizo..
que hice del techo,
el bostezo del alba.


No soñar, no soñarte..
que viene a ser lo mismo
pues formas parte
de ese valle perdido
donde coexisten
cordura e utopía,
y donde somos libres
del peso de la vida.



No soñar,
              dejar su aliento..
                     morir quizá
                                           dentro de este pecho.





Y después...



Y después...



De sentir que la palabra
se desgarró en la garganta,
que pasó hacer amalgama
agridulce de la nada,
agua y pan sin esperanza,
y de como se le ha roto
los latidos poco a poco
de este corazón tan loco,
tanto que se le hizo polvo
el sueño que huye de todo.


Y después que casi la vida escapa...



Quién me va quitar las ganas
de volver del tiempo a casa,
de abrir vírgen la mirada
a una aprendiz de mañana
a un celeste que sin alas
puedan los dedos de plomos
robarle pequeños trozos,
y engarzarlos a sus ojos,
frágiles aves de otoño
en mi pecho tembloroso.


©Encarni Mejides